Si bien, El 25 de junio de 2009 moría uno de los grandes iconos de la música de todos los tiempos: Michael Jackson, el autentico rey del pop. Todos los conciertos que iba a realizar ese verano dentro de la gira This is it fueron cancelados. Sin embargo, el material grabado de los ensayos sirvió para montar este documental en el que los fans podrán ver las ultimas imágenes de Michael encima de un escenario.
Kenny Ortega el director de este, si bien podemos calificarlo como, documental es un productor, director y coreógrafo estadounidense ganador de un Premio Emmy. Se dio a conocer cuando estuvo trabajando con Gene Kelly y con Olivia Newton en el filme Xanadu. Ortega encontró su propia fama, en la película de 1987 Dirty Dancing, además ha ganado premios por la coreografía en videos musicales, como Like a Virgin o Material Girl, ambos con Madonna y I found Someona de Cher, trabajó en el Dangerous tour de Michael Jackson y era el encargado del que hubiera sido el último tour de Michael, This is it.
El documental, This is It, se destaca por una gran discreción, es una cinta que bien pudo convertirse en una aburrida dedicatoria a la carrera de un símbolo que, como todo símbolo que se respete, se convertirá en una gran leyenda de la que pronto no se podrán saber en realidad cuáles fueron los aspectos ficticios y cuales no, teniendo en cuenta los aspectos positivos y negativos. Pero por otro lado, Kenny Ortega, al abstenerse de cualquier tipo de artilugio, nos entrega una película honesta y fuerte.
This is It le ofrecerá a los fans de Jackson y a los amantes de la música alrededor del mundo una mirada excepcional detrás de cámaras de lo que el artista desarrolló, creó y ensayó para sus conciertos con entradas agotadas que se llevarían a cabo en el O2 Arena de Londres.
Con respecto a Michael Jackson como persona, esta cinta lo humaniza y deja de lado un poco todas las excentricidades y cosas turbias que han arruinado su imagen. Esto es ver el talento del rey del pop, y lamentablemente es ver a un hombre que aparentemente murió sólo por haber sido descuidado por un médico que le cumplió las ganas de darle una droga peligrosa para dormir.
La cinta de Ortega merece ser vista, por su enorme poder de decir mucho con muy pocas palabras. En la hora y 45 mins de cinta no existen voces en off que nos diga algo, siendo un documental, tampoco abundan las entrevistas a cámara, éstas sólo aparecen por poco tiempo y no pretenden aportar gran cosa, sólo contextualizar algunas momentos, y en breves ocasiones, agregar algo de sentimiento a una película cuyo 90 % de metraje lo constituyen los ensayos del cantante y su equipo en preparación de los conciertos This is It, que se supone serían los últimos que Jackson ofrecería. No hay más nada, y no se extraña ni se añora, todo lo que hay que decir está allí, sin palabras, para que el público lo entienda y lo asimile a su manera.
Una última cosa, las cámaras que graban los ensayos, casi siempre, están abajo del escenario, cómo si un fan se hubiese colado en el recinto a grabar lo que ocurría.
Podríamos concluir que definitivamente es un metraje para ir a ver y conocer algo que no conocíamos del rey del pop, Michael Jackson, aunque pienso que con e material se hubiera podido sacar algo mucho más impactante la cinta es estupenda y es muy recomendable para ir a verla.
domingo, 15 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
Un nuevo estadio para Latinoamérica
La carrera armamentista que se está dando en Latinoamérica parece una respuesta a la presencia de EE.UU. en bases militares colombianas. Al desenlace de la Segunda Guerra Mundial un sin fin de acontecimientos empezaron a suceder, entre ellos, una división ideológica y política entre oriente y occidente (URSS y EE.UU respectivamente), donde ambos empezaron a prepararse para una tercera guerra mundial, a un enfrentamiento directo, pero esto jamás sucedió, lo que si pasó fue una de las mayores carreras armamentistas que ha vivido la edad contemporánea y moderna, a lo que se le denominó Guerra Fría. En los últimos meses se han presentado conflictos políticos entre países Latinoamericanos, donde han tenido mayor protagonismo Colombia, Ecuador y Venezuela, en los que se habla de amenazas militares, nunca enfrentamientos directos, y la respuesta a esto siempre está en el aumento de la capacidad militar (carrera armamentista) de cada país (Colombia, Ecuador, Venezuela y Brasil hasta el momento). Entonces por qué no decimos que Latinoamérica está construyendo un nuevo estadio para una nueva Guerra Fría.
Álvaro Uribe ha sido firme en cuestiones de aumentar la capacidad militar del país, en una época en la que afronta un fuerte debate con nuestros países vecinos por los acuerdos realizados en cuestiones de compra por material bélico por países que conforman la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con terceros Estados. Tenemos para la muestra un botón, a Venezuela y Brasil. Las multimillonarias compras de armas que hizo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al gobierno de Rusia y el convenio de transferencia tecnológica de Francia hacia Brasil. Y a esto le sumamos lo que hizo nuestro presidente Álvaro Uribe, hacer un acuerdo con EE.UU. para que ellos puedan tener presencia militar en 7 bases militares colombianas. Y no podemos dejar a un lado las declaraciones hechas varias veces por Hugo Chávez de militarizar la frontera para prevenir ataques y tener mayor seguridad.
Ahora bien, el presidente Uribe afirma que el objetivo de su gobierno es recuperar la seguridad doméstica, y no participar en la carrera armamentista hacia un juego sangriento de la guerra internacional, como piensa lo hacen otros países. Es además la actitud de Uribe una respuesta a todas las críticas que ha recibido por el acuerdo de cooperación militar con EE.UU. Entonces lo que se está viviendo desde el punto de vista del gobierno es sólo una actitud, y no más que eso, no hay porqué participar en una carrera armamentista ni en una tensión discursista que se evidencia cada 8 días por medio de los medios de comunicación de cada país.
Si es así entonces, porqué el presidente de Colombia, “bajo cuerda” se ha preparado militarmente en las costas colombianas para cualquier tipo de ataque, y por qué no mencionar los diferentes helicópteros Black Hawk que ha venido comprando últimamente. Otra cosa es que Uribe haya tapado este tipo de acontecimientos con artilugios retóricos que usa cada vez que hay una asamblea internacional, como en este caso las de Unasur. ¿Entonces a qué jugamos?
Existen tensiones discursistas, carreras armamentistas, amenazas entre países, críticas a las políticas internas de cada país, qué es esto si no es más que un genio esperando a que froten su lámpara para poder salir, parece una bomba esperando a que aprieten el botón para explotar.
Parece un juego de monopolio que en donde el que más tenga va a ganar, la meta de esta carrera puede parecer ser, tener el país lleno de armas y presencia militar, entonces porqué no decimos que estamos construyendo un nuevo estadio para un nueva Guerra Fría. Tenemos todos los elementos que la caracterizó años atrás y más aún me puedo atrever a decir que en Latinoamérica existe un pequeño oriente occidente, una lucha de, porqué no, izquierda y derecha; lo que esperamos es que esto no tenga un final desastroso, que por el juego de unos pocos, muchos salgan lastimados, y muchos menos que entre países hermanos como lo han sido siempre Ecuador, Venezuela y Colombia haya una guerra que desde un principio si no hubiera sido por las políticas guerristas que se han implementado en los últimos años se hubiera podido evitar.
Álvaro Uribe ha sido firme en cuestiones de aumentar la capacidad militar del país, en una época en la que afronta un fuerte debate con nuestros países vecinos por los acuerdos realizados en cuestiones de compra por material bélico por países que conforman la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con terceros Estados. Tenemos para la muestra un botón, a Venezuela y Brasil. Las multimillonarias compras de armas que hizo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al gobierno de Rusia y el convenio de transferencia tecnológica de Francia hacia Brasil. Y a esto le sumamos lo que hizo nuestro presidente Álvaro Uribe, hacer un acuerdo con EE.UU. para que ellos puedan tener presencia militar en 7 bases militares colombianas. Y no podemos dejar a un lado las declaraciones hechas varias veces por Hugo Chávez de militarizar la frontera para prevenir ataques y tener mayor seguridad.
Ahora bien, el presidente Uribe afirma que el objetivo de su gobierno es recuperar la seguridad doméstica, y no participar en la carrera armamentista hacia un juego sangriento de la guerra internacional, como piensa lo hacen otros países. Es además la actitud de Uribe una respuesta a todas las críticas que ha recibido por el acuerdo de cooperación militar con EE.UU. Entonces lo que se está viviendo desde el punto de vista del gobierno es sólo una actitud, y no más que eso, no hay porqué participar en una carrera armamentista ni en una tensión discursista que se evidencia cada 8 días por medio de los medios de comunicación de cada país.
Si es así entonces, porqué el presidente de Colombia, “bajo cuerda” se ha preparado militarmente en las costas colombianas para cualquier tipo de ataque, y por qué no mencionar los diferentes helicópteros Black Hawk que ha venido comprando últimamente. Otra cosa es que Uribe haya tapado este tipo de acontecimientos con artilugios retóricos que usa cada vez que hay una asamblea internacional, como en este caso las de Unasur. ¿Entonces a qué jugamos?
Existen tensiones discursistas, carreras armamentistas, amenazas entre países, críticas a las políticas internas de cada país, qué es esto si no es más que un genio esperando a que froten su lámpara para poder salir, parece una bomba esperando a que aprieten el botón para explotar.
Parece un juego de monopolio que en donde el que más tenga va a ganar, la meta de esta carrera puede parecer ser, tener el país lleno de armas y presencia militar, entonces porqué no decimos que estamos construyendo un nuevo estadio para un nueva Guerra Fría. Tenemos todos los elementos que la caracterizó años atrás y más aún me puedo atrever a decir que en Latinoamérica existe un pequeño oriente occidente, una lucha de, porqué no, izquierda y derecha; lo que esperamos es que esto no tenga un final desastroso, que por el juego de unos pocos, muchos salgan lastimados, y muchos menos que entre países hermanos como lo han sido siempre Ecuador, Venezuela y Colombia haya una guerra que desde un principio si no hubiera sido por las políticas guerristas que se han implementado en los últimos años se hubiera podido evitar.
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